Cortar el hilo
Tristeza era todo cuanto sentía, mas nunca lo mostraba, y nunca lo advirtieron. ¿Estuvo la
dejadez al servicio de la obcecación o tal vez la obcecación como excusa para la dejadez?
Un día que estuvimos solas en casa, me miró a los ojos y habló. Aquellas palabras me
destrozaron, tanto que, por un segundo, llegué a pensar en lo egoísta que estaba siendo al
hacernos aquello; pero me confundía.
Quise ayudarla de la forma más dulce posible, quise que se sintiera serena antes de
marcharse.
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